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Además de la miel, la abeja produce
polen, jalea real, cera y propoleo.
El
polen :
Al observar una abeja que liba sobre una flor,
nos damos cuenta de que sus patas están lastradas de pequeñas bolas harinosas rojas o
amarillas: es el polen recolectado sobre los estambres de las flores. Una parte de este
polen servirá para fecundar las otras flores, la otra parte será llevada a la colmena.
En efecto el polen tiene una influencia sobre la construcción de los
panales
de cera, sobre la puesta de la reina y por repercusión, sobre
la cosecha de miel.
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Después de haberlo recogido, la
abeja
libadora
lo tritura con su saliva para hacer pelotitas y las
fija en los pelos de sus patas. Es esta saliva, rica en enzimas antibacterianas que da al
polen una parte de sus virtudes
terapéuticas
.
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Los apicultores lo cosechan con
intenciones medicinales o para suministrarlo a las colmenas necesitadas y debilitadas
después del invierno. Para cosecharlo, solo hay que poner en la entrada de la colmena un
escotillón para el polen que al peinar las patas de las abejas hacen caer las pequeñas
bolas de polen en un cajón donde son cosechadas cada tarde antes de la caída de la
humedad nocturna. Pero para no perjudicar a la colonia, debemos limitar la toma a 2kg por
colmena y año.
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La jalea real :
La jalea real es una sustancia fluída, blanquecina,
segregada por las abejas obreras
nodrizas
a partir de sus glándulas
cefálicas
. Es la comida de todo el
nido
durante los tres primeros días de su vida. A partir del
cuarto día, sólo los huevos que se encuentran en los alveolos (las futuras reinas) y la
reina recibirán esta comida esencial e indispensable a la supervivencia de la especie.
En
efecto es un alimento dotado de una rara fuerza de desarollo
, ya que ¡es capaz
de multiplicar por 1.000 el peso de una larva obrera en 3 días y por 2.500 el de una
larva real en 5 días! Alimentada exclusivamente con jalea real, una reina vive entre
cinco y séis años - en cambio una obrera sólo vive unos 45 días, - pone más o menos
2.000 huevos al día, y goza toda su vida de buena salud, protegida contra las bacterias y
los parásitos. Si hemos atribuído durante mucho tiempo a esa sustancia poderes casi
milagrosos, la ciencia del siglo XX le reconece, después de numerosas investigaciones,
múltiples ventajas nutritivas, energéticas y metabólicas
.
cefálicas
: que tiene relación con la cabeza.
nido o zona
de incubación
: conjunto de las larvas jovenes de abejas.
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Numerosos componentes están todavía sin
descubrir. El interés terapéutico de la jalea real lleva a dejar la colmena huérfana,
quitándole la reina y formar una cría de reinas, poniendo en la colmena un cuadro de
alvéolos artificiales (cúpulas) en los cuales implantamos larvas de abejas obreras.
Estas larvas adoptadas por las criadoras como ''futuras sustitutas'' de la reina ausente,
serán abundantemente alimentadas con jalea real.
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Pasado tres días, cuando la calidad
y la cantidad de jalea real son optimas, el apicultor retira el cuadro, quita las larvas
con ayuda de una pinza y extrae la preciosa sustancia por aspiración. ¡ Podemos así
recolectar entre 250 y 500g por colmena y año ! La jalea real puede consumirse pura o
mezclada con miel.
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el propóleo :
La abeja recoge la resina de las yemas de ciertos árboles
(por ejemplo: el álamo, el abedul...) con su lengua y la mezcla con su saliva. Esta
sustancia la utilizada en la elaboración del propóleo. Materia resinosa, rojiza o parda,
que emplean para tapar y reparar las grietas de la colmena y protegerla mejor de la
intemperie del invierno. En griego, própolis significa ''delante de la ciudad'' : el
propóleo se encuentra en la entrada de la colmena. Este resina natural tiene
propiedades bactericidas, antifúngicas, anestésicas y cicatrizantes
.
Sólo conocemos 200 de sus moléculas, pero los egipcios sabían que impedía, por
ejemplo, la descomposición y la usaban para momificar a sus muertos. El apicultor la
recoge rascando los cuadros y tapa-cuadros. La cosecha puede variar entre 100g y 400g por
colmena y año. Actualmente utilizamos el propóleo por sus propiedades cicatrizantes
particularmente en dermatología aunque estamos todavía lejos de conocer y de sacarle
partido a todas sus posibilidades.
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La cera :
Artista y artesana, albañila y arquitecta,
la
abeja cerera
alinea en un bloque armonioso unos hexágonos de cera, los
alvéolos, que serán a la vez cunas de jóvenes larvas y reserva de miel. Son los panales
de la colmena. Las abejas necesitan cera para formar los panales pero también
los
opérculos
, pequeñas tapas que cierran los alvéolos cuando están llenos de
miel o cuando contienen una larva de 9 días.
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Para producir esta cera, las abejas
se cuelgan en racimos y segregan a partir de sus glándulas cereras abdominales finas
películas translúcidas e incoloras.
La
cera no es una producción vegetal, sino una secreción voluntaria de las abejas
.
Extraen esas películas de su abdomen por medio de sus patas posteriores, las llevan a su
boca y las mastican con sus mandíbulas impregnándolas de saliva, volviéndolas más
maleables.
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Luego son pegadas para formar el
alvéolo con
forma geométrica perfecta
. Los panales construidos por las
abejas deben ser cambiados cada tres años. El apicultor recupera la cera de los panales y
de los opérculos, después de la extracción de la miel, fundiéndolos según diferentes
procedimientos.
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